lunes, 14 de septiembre de 2009

LA MELANCOLICA CALLE DE MANZANARES


Es una calle surrealista digna de un cuento.

En los 40´s y todavía hasta hace un año, era la calle de las pulquerías, prostitutas, ladrones y era difícil salir librado de ahí, sin ser robado.

Pero hace poco más de un año, se benefició de una buena inversión que la remozó en gran parte y además, se observa una buena cantidad de policías para salvaguardarle.

Nuestro recorrido empezó en la Merced, llegué a mi destino en Metro y al salir de la estación, me sumergí en el mercado; ahí, un cóctel de olores, colores y movimiento, me impactó inmediatamente.

Recorrí el laberinto de pasillos, entre frutas, verduras, chiles y un montón de ingredientes exóticos que jamás había visto, y así, en esa fresca mañana, donde apenas se asomaba la luz a las 6,30 de la mañana, s
orteando los puestos del interior del mercado en laberintico paisaje, llegue a la calle de Manzanares.

Salí y asomando apenas la cabeza del edificio del mercado, lo primero que percibí en la tenue luz del amanecer, era una verdísima invasión de verduras, sobretodo nopales y elotes; que estaban acomodando en la calle, en montoncitos perfectamente simétricos.


Recorrí media cuadra hasta llegar a Circunvalación y justo ahí, cruzando la calle esta una maravilla; es como entrar en un paisaje surrealista, una callecita enmarcada de cuadros de concreto estampado, que semejan caminos empedrados, de color gris obscuro, muy europeo, con fachadas de piedra y cantera, alberga en medio de la calle, una antigua capillita que data del siglo XVIII .



Esa maravilla, es la diminuta capilla del señor de la Humildad o como la conocen: ¨La capilla de los ladrones y prostitutas¨.

Es idéntica a una iglesia; pero diminuta, real y funcional.

La capilla cuenta apenas con seis bancas y en el altar luce la imagen del Señor de la Humildad, mientras que a un costado está otra de Jesucristo, quien se encuentra sentado y tiene muestras visibles de la tortura infligida por los romanos; además, hay cuadros de la Virgen de Guadalupe y la de Dolores.


Todo adentro es diminuto pero precioso, es una iglesia a imagen de las iglesias de importancia, tiene su cúpula, pequeñita, su fachada chiquita como en escala de una gran catedral, es preciosa y tiene una inscripción labrada en la cantera; en latin, que dice:¨ IN HOC SIGNO VINCES ¨ que significa: ¨Con esta señal vencerás¨ que era la señal que Constantino, que era pagano y que se convirtio al Cristianismo ; después de una visión que tuvo, cuando vio una cruz frente al sol e iba con su ejército, y escucho una voz que le dijo "con este signo vencerás".




Esto fue motivo para llevar el símbolo de una cruz, en su estandarte y ganar la batalla del puente Milvio, en el río Tíber en Roma.

Esta capillita cuenta con elegantes columnas, y un par de  Ángeles custodiando una cruz, además de hermosos adornos, finamente labrados en cantera plateada.



Esta maravilla surrealista se encuentra en la parte ``brava'' del barrio; rodeada de fachadas antiguas y preciosas, con influencia arquitectónica:  europea,  árabe y obviamente el encanto colonial mexicano.

Esta capillita esta impecable y abierta a todas horas. Todo el barrio la cuida, siempre esta pintada y tiene flores.

En la fachada mas primorosa que avecina a la Iglesita vive nuestro amable personaje, Chef de comida prehispánica personaje principal del que hablaremos en otro artículo.


Me sorprendió la seguridad y limpieza del piso y banquetas de la calle de Manzanares; la tranquilidad del amanecer y la calma resguardada por varios policías. Me dio orgullo que en nuestra ciudad, se estén preocupando por preservar estos rinconcitos con tanta historia y que son, un deleite disfrutar.


Para evidenciar los contrastes dejo un relato muy bien escrito por Gabriel Revelo, me fascinó su pluma y le pedí nos compartiera su relato de apenas dos años antes y que evidencía los contrastes del antes y el después en la calle de manzanares.

Aquí transcrito tal y como lo tiene en su blog, con sus fotografías: El articulo de Gabriel Revelo.


La Soledad de Manzanares



La Soledad de Manzanares

El corazón del barrio bravo de La Merced, guarda una de las joyas arquitectónicas más impactantes de la Ciudad de México, y un callejón, en dónde toda ley desaparece en nombre de la explotación sexual de las mujeres.

1. La Merced, barrio de la Soledad
Colgado en una de las percudidas y descarapeladas paredes del cuarto en el que vive, su viejo reloj marcará las 14:00hrs; como cada tarde llega la hora de ganarse la vida. Tacones en mano, pues prefiere (una vez más) recorrer las siete cuadras que la separan de su lugar de trabajo con sus gastados, pero cómodos tenis Panam.
De esta forma ‘La Yiyí’ (así es como la llaman, pues casi nadie sabe su verdadero nombre), saldrá de una vecindad contigua al metro Candelaria. Ataviada con un escotado vestido rojo, se perderá entre una mar de gente formado por vendedores, cargadores, estudiantes de secundaria, amas de casa que realizan las últimas compras y ancianos que piden limosna: así son las calles de la Merced, llenas de vida, de olores a basura y mugre, de puestos de antojitos, de comercios establecidos y ambulantes en los que, al menos ella, siempre encuentra novedades de importación a precios ridículos. Quizá es lo único que disfruta de su trabajo: el ir y venir por este camino en el que todos la ven pero nadie la juzga.
Su estatura no rebasa el 1.65 de altura. Medida correcta para su delgado cuerpo. Su piel morena, combina a la perfección con sus intensos ojos negros y su obscuro cabello al hombro. Una mujer como ella podría pasar como hija de familia, sus veintiséis años no le han arrancado del rostro una cierta dosis de inocencia, característica que por cierto, la hace una de las más solicitadas en su ramo.
Sabiéndose en sus dominios, ‘La Yiyí’ se paseará de nuevo por las calles que en ese barrio, están llenas de historia y abandono. Rápidamente llegará al Templo de la Soledad, majestuosa iglesia del México Colonial. Su arquitectura de arrebatadora belleza, así como su espaciosa plaza será objeto de atención y elogios por parte de un trío de turistas alemanes que ni idea tendrán de lo peligroso del lugar. ‘La Yiyí’ se cruzará con ellos, aunque no reparará en su presencia ni en la iglesia que tantas veces ha visto, y que para ella no es más que un elemento del camino. Uno de los muchos ‘chavos banda’ de la plaza le ofrecerá drogas. Ella lo reconocerá, es ‘El mollete’ uno de los jovencitos que por las tardes se reúnen en aquel sitio para organizar y repartirse las calles y rumbos en los que ese día habrán de robar.
‘El mollete’ le ofrecerá droga.
Yiyí’ dirá que es muy temprano, pero en cambio le aceptará un cigarrito.
Fumando su Malboro Rojo llegará a la esquina de La Soledad y Anillo de Circunvalación. En la esquina algunas colegas la verán con indiferencia. Sólo una de ellas la saludara. Así es su trabajo, las chicas de Manzanares a veces tienen diferencias con las de La Soledad. Ella pensará: No le puedo caer bien a todas; nada raro, así somos las putas.
Atravesará la Avenida y caminará una cuadra más. Algún hombre se le quedará viendo. Una vez más se sabrá deseada, señal de que aun podrá vivir mucho tiempo más de éste negocio (a menos que la mate un cliente, un padrote, una enfermedad, o la tristeza). Por eso dará vuelta en la calle de Manzanares y entrará a la pequeña capilla que esta en la esquina, le rezará al Señor de la Humildad, a la Virgencita de la Soledad y a San Judas Tadeo por que ésta tarde la proteja. Ahí dentro me verás.
Cinco minutos después, calzando sus tacones rojos, ‘Yiyí’ se reportará con uno de sus padrotes.


2. La Capillita de los Ladrones
Supe de su existencia gracias a una maestra de la Universidad ‘Es el lugar más surrealista e impactante en el que he estado’. Comentario que me bastó para caer preso de la más inquietante de las curiosidades, aquella que sólo se marcha cuando adoptamos al riesgo como estilo de vida. Tenía que ir, ver aquel sitio con mis propios ojos a sabiendas de la peligrosidad que conlleva encontrar la ‘Iglesia más pequeña del mundo’.
La conocí una tarde de Agosto. Dar con ella fue relativamente fácil. Apenas salí de la estación del metro ‘La Merced’, me interné dentro de una selva de puestos ambulantes de comida, falluca, tenis, brujería, santería y discos piratas. Hipnotizado por las voces, los aromas y la tristeza de un barrio que parece trazado por el diablo, seguí caminando sin mucha idea de mi paradero. Algo tienen estas colonias del centro de la Ciudad de México que entristecen el corazón. Llegué a Anillo de Circunvalación.
- No sé si sea la Iglesia más pequeña del mundo, pero ahí una capillita, la del Señor de la Humildad a dos calles de aquí, en la calle de Manzanares. Me comentó un vendedor de pepitas.
Efectivamente. En aquella esquina , justo en el número 32 se divisa una pequeña capilla de un blanco limpio e intenso, con vivos de color mostaza y colorado. Lentamente rodeé la estructura exterior del inmueble rectangular, cuya fachada de estilo churrigueresco tiene dos elegantes torres estípites, un par de ángeles custodiando una cruz una pequeña puerta y preciosos adornos excelsamente labrados en cantera plateada, que terminan por enamorar a cualquiera.
¿Quién y por qué construyó una iglesia tan pequeña?. Fue ni más ni menos que Hernán Cortés a su llegada (1519) a Tenochtitlan, mandó a construir siete ermitas en diversos puntos del Valle de México. Sin embargo, la de la calle Manzanares es quizá la única sobreviviente. Su arquitectura actual corresponde a una remodelación del siglo XVIII.
Si exteriormente la capillita (el diminutivo se aplica en sentido literal) es una belleza, su interior lo es aun más: hay un minúsculo retablo dorado estilo barroco, un guardapolvo de azulejos azules y las esculturas de la Virgen María, San José y Jesús. Por lo pequeño de sus dimensiones, en el interior caben aproximadamente veinte personas.
Una tendera del rumbo me comentó que después de la fiesta del 6 de agosto, día de su Santo Patrono, la capillita esta en remodelación, por lo que actualmente no es fácil encontrarla abierta. ‘Fue una gran fiesta la de hace unos días, desde muy temprano le cantamos sus mañanitas’, dijo la señora, que amablemente me vendió un refresco en lata, y que espera que una vez terminados los trabajos de regeneración, la capillita de Manzanares vuelva a estar abierta las veinticuatro horas del día.
No obstante el rumbo en el que está erigida, el inmueble siempre ha estado impecable, lleno de flores, con la pintura y los accesorios del lugar bien cuidados. Antes eran los vecinos quienes barrían y cuidaban el lugar, hasta hace poco que llegaron unas monjas carmelitas y ahora se encargan de ella.
“Aquí vienen a orar los ladrones, asesinos y ‘gallas’ (prostitutas) del barrio, a rezar, pedir perdón e implorar no ser atrapados por la policía”. Agregó.
Un día a la semana, los ladrones acuden a orar y se abstienen de robar por veinticuatro horas para no ser desamparados por su patrono.
Al preguntarle sobre si ésta era la Iglesia más pequeña del mundo, mi interlocutora contestó que lo ignoraba, pero que al menos, si era la más pequeña de la ciudad. Poco después, buscando información sobre la capillita de Manzanares sabría que su construcción pertenece al estilo churriguera-mexicano, y aunque es una capilla, su construcción sui-generis cuenta con todos los elementos para considerarla una iglesia: dos torres, coro alto, coro bajo y una cúpula.
Según la tendera, las ‘gallas’ (nombre que en este barrio ‘bravo’ se le da a las prostitutas y que data del siglo XVI) comienzan a llegar a partir de las dos de la tarde, llegan, se persignan, oran y se van a trabajar, la mayoría al callejón.
- ¿Cuál callejón?
- El de Manzanares, ¿no lo conoce?
- He oído hablar de él ¿dónde está?
- Allá, (señala al frente) a unos veinte pasos de ahí. Pero ‘agüasgüero. Es peligroso.
Pagué mi bebida, le di las gracias a la tendera y le di un último vistazo al interior de la capillita. En la entrada me topé con una joven ataviada con un seductor traje rojo saliendo del templo. Cabello negro a los hombros, piel morena, delgada. Me miró coquetamente y siguió su camino hacía el callejón.
3. Un callejón sin ley
Hasta ese momento, si bien todo lo que había visto en la calle de Manzanares, y en general en el barrio de la Merced era bastante interesante, y la Iglesia del Señor de la Humildad revestía una imponente perfección, no podría decir que aquella experiencia fuera impactante o surrealista como mi maestra de la Universidad me había dicho.
A punto de abandonar aquella calle vino a mi la inquietud de adentrarme en el dichoso callejón que se encontraba a unos pasos del templo. Con un mero afán turístico, y quizá un poco prendido de la mirada de aquella joven con la que me acababa de topar decidí entrar en el ‘Primer Callejón de Manzanares’.
Levemente Obscuro. Eso es lo primero que uno percibe al poner un pie en el callejón. Cinco pasos después percibes música de ‘Los Caimanes’, algunos locales en las orillas del callejón y una vecindad abandonada. Casi en automático sientes que el ambiente se torna tenso, pesado y un poco depresivo. Y ahí esta la gente. Justo en medio del callejón miré a varios hombres de pie, formando un circulo, hundidos en silencio. ¿Qué hacen ahí? es algo que te preguntas y que al segundo descubres: Las miran a ellas, más de una veintena de prostitutas que caminan en circulo, mientras son observadas por sus posibles clientes.


Como hipnotizado me uní al ritual. Me hice un lugar dentro de aquel circulo de observadores y las contemplé a ellas, algunas muy jóvenes, otras rayando en los cincuenta. Delgadas y menudas, robustas y toscas, de rasgos finos o indígenas. La variedad es sorprendente y sin querer parecer vulgar me atrevería a decir que hay ‘gallas’ para todos los gustos. Vestidos, blusas escotadas, pantalones de mezclilla ajustados. Miro a mi alrededor: la misma diversidad se observa en los hombres que las observan, y entre los que identifico cargadores y trabajadores de los comercios del barrio, jóvenes curiosos con su uniforme de secundaria pública, señores que vienen ¿o apenas van? de la oficina, padres de familia, borrachos y solitarios que cómo yo, esa tarde no tienen otra cosa que hacer, que ir en busca del amor comprado, ese que por su misma naturaleza nostálgica y comprensiva no se le niega a nadie.
Repuesto del impacto inicial, comienzo a reconocer el entorno. Aquel callejón techado, cuenta con algunas cantinas en las orillas. No hay menús. Sólo cerveza y más cerveza, estas loncherías permanecen casi solitarias. Dos o tres mesas ocupadas en cada uno de estos negocios que en realidad son grandes accesorias de aspecto lúgubre. Algunos hombres prefieren mirar desde ahí a las mujeres mientras toman, beben y hacen que la rockola no deje de escupir música de rock, cumbias y boleros.


Queriendo ocultar mi asombro por estar en un lugar así, intenté poner un rostro duro para ocultar así mis escasos veinticuatro años mientras las notas de ‘Rata de dos patas’ inunda cada uno de los rincones del tristemente celebre callejón. Ni cuenta me di, pero ya estaba en medio de aquel circulo de observadores. Clavando mi mirada en aquellas mujeres que caminan una y otra vez en circulo con la mirada perdida; algunas solas, otras caminando en parejas mientras platican sobre quién sabe qué cosas, peregrinando eternamente sin llegada ni salida. Metafóricamente así debe ser su vida: un callejón sin salida.
Y ahí me topé de nuevo con la joven de vestido rojo. Escuche que la conocen como ‘La Yiyí’. Supongo que me reconoció, pues me dirigió una mirada de complicidad y siguió hablando con un señor pelón y barrigón que se encontraba a mi izquierda. Minutos después ‘Yiyí’ y su acompañante parten al centro del callejón y entran por una puerta negra de una especie de vecindad habilitada como hotel de paso. En este recinto hay varios cuartos precariamente construidos (algunos tapados sólo con una sabana obscura), cuyo interior descuidado y sucio complica la idea de considerarlos lugares de placer. Una vez despachado, el cliente abandona la vecindad, mientras la prostituta en turno reporta en un pequeño cuarto (construido a modo de caja para cobrar) cuanto dinero ganó y el número de ‘trabajos’ que lleva en su jornada de trabajo. Por cierto, los servicios van desde los 40 pesos.

Mujeres salen y entran con los clientes. Mientras que en el callejón el siniestro catalogo de sexo-servidoras continúa de ronda, girando, provocando. Alguna de ellas pasa rozando con la mano la zona genital de los espectadores buscando provocarlos y convencerlos de contratar sus servicios. Después de casi una hora en este lugar uno pensaría que termina por acostumbrarse al entorno. No es así, al contrario, cada segundo en un sitio como éste equivale a descubrir nuevas y desconcertantes realidades que el resto de la Ciudad prefiere ignorar. Descubrí así que hay varios ‘Padrotes’ aposentados en lugares estratégicos y a los cuales uno puede reconocer fácilmente por su ostentosa forma de vestir y porque la mayoría portan una pistola en el cinturón. La señora de la tienda tenía razón, el callejón de Manzanares es peligroso, en todos lados se respira esa sensación. Peligro con los padrotes siguiendo los movimientos de los posibles clientes. Peligro por la venta de droga que en ese lugar se desarrolla con la libertad y cinismo de quién vende globos en cualquier parque. Peligro por los ladrones que no dudo, acuden a ese lugar en busca de potenciales victimas.
Una de las refaccionarías del callejón es una tiendita en la que los hombres y las prostitutas compran dulces, agua, chicles, etc. El lugar es atendido por una señora y su hija, quienes prudentemente me advierten del riego que corro si intento entrevistar a cualquiera de las sexo-servidoras. Eso explica porque este lugar, si bien es conocido por mucho de los habitantes del Distrito Federal, ha sido muy poco documentado. Hacerlo equivale a correr un riesgo de muerte. Entonces sucedió lo que hasta la fecha me intriga mucho más: la chica de la tienda tenía consigo a su hija, que no pasaba los cinco años de edad. ¿Cómo le explicará su madre a esta niña todo lo que sucede a su alrededor?, ¿A los ojos de la infancia que significado tienen estas mujeres que son codiciadas y compradas por un rato de placer?.
Esto me intriga. Más que la vida de ‘La Yiyí’, más que la protección o solapamiento de las autoridades a lugares como el Callejón de Manzanares o la cantidad de delitos y violaciones a la ley que aquí se perpetúan. Un tanto asqueado siento deseos de escapar de allí. La realidad me rebasó desde hace mucho.
Antes de salir doy un vistazo a esos rostros de los hombres y mujeres que interactúan en éste callejón, todos diferentes, todos duros e inexpresivos pero con una constante... en todos ellos hay abandono, soledad, y una tristeza en el corazón que sólo poseen aquellos a los que la vida les muestra la peor cara de la miseria humana. ‘La Yiyí’ enganchaba otro cliente, dudo que se haya percatado de mi huida.
Decidí salir por el otro costado del callejón, donde también ahí algunas loncherías, cantinas y algunas vecindades que parecen en ruinas y cuya oscuridad impide mirar en su interior. En un principio supuse que eran inhabitables, o que a lo mucho podrían servir como bodegas, eso pensaba hasta que vi a un niño de unos nueve años salir de una de estas viviendas. Intenté hacerle la platica, preguntarle cosas. Salió corriendo al instante.
Salí del callejón, y la luz de un soleado día me recibió de golpe. Mucha gente transitaba entre puestos ambulantes. Me perdí en medio de ellos, sólo quería llegar a casa y quitarme esta opresión que sentía en el pecho.

4. Ella es Soledad.

Cerca de las once de la noche ‘La Yiyí’ terminará su jornada de aproximadamente seis horas de trabajo. Fue un buen día. Atendió a ocho clientes, les dará la respectiva cuota a su padrote y a la dueña de la vecindad en dónde da sus servicios sexuales y regresará a casa con casi mil pesos que ahorrará para algún día retirarse de este trabajo, y quizá, formar un hogar; caminará con sus tenis Panam y su vestido rojo por Anillo de Circunvalación, atravesará la Plaza de la Soledad y jugará con mil y un pensamientos mientras atraviesa las siempre inseguras calles de la Merced. Por su mente cruzará un pensamiento que considerara ocioso ‘Que cosas tiene la vida: Atravieso en soledad la Plaza de la Soledad, los hombres recurren a mi para curar su soledad. ¿No es una cruel broma del destino que Soledad precisamente sea mi nombre?’.


5. La Surrealista Realidad
Dos semanas después de mi primera visita, escribo estas líneas desde una de las cantinas de ‘mala muerte’ en el Callejón de Manzanares. Tenía que volver a comprobar dudas y reafirmar certezas. Durante los días pasados busque mucha información. En general encontré datos y más datos de la prostitución en la Merced, datos que se contradicen, estadísticas que no coinciden más que en la gravedad del asunto.
Estoy en el Callejón de Manzanares, escribiendo en una pequeña libreta y aun estoy asombrado. Mi maestra de la Universidad tenía razón. Uno nunca se acostumbra al surrealismo de un lugar como éste.
¿Qué esperan las autoridades del Distrito Federal para reglamentar de una vez por todas la prostitución en el barrio de la Merced?. Delegados y Jefes de Gobierno vienen, van y el sub mundo del sexo servicio sigue sin ser regulado, generando la expansión del SIDA, el aumento de la corrupción, la mafia y la delincuencia en la zona. He buscado hablar con autoridades gubernamentales encontrando siempre la misma respuesta ‘Estamos trabajando en eso’ o la ya clásica ‘esta dependencia no se ocupa de esos asuntos, mejor acuda con...’ Y así, uno recorre autoridades y escritorios sin obtener al menos un poco de convencimiento de que el asunto puede mejorar. Al contrario, mientras más se escarba más realidades repugnantes saltan a la vista.
Descubrir que, por ejemplo, en las calles de Manzanares, Circunvalación y la Soledad, por citar algunos, existen hoteles que no cumplen con el mínimo de requisitos estipulados por Salubridad para operar. La mayoría de estos cuartos sólo cuentan con un catre o camastro, y un lavabo que prostitutas y clientes utilizan para asearse y orinar. Esto y más tienen que aguantar estas mujeres para ganarse la vida. La mayoría de las veces sufren la extorsión de sus padrotes quienes mediante engaños las traen de provincia, luego las explotan sexualmente, las vuelven adictas a la cocaína u otra droga para finalmente amenazarlas para que no puedan salir de la red de prostitución que unos cuantos dominan. Sobre esto hay un sin fin de casos documentados, como el de Beatriz Elena Chávez Tejas, alias ‘La Claudia’, que obligaba a varias jovencitas a buscar clientes y darle al menos 700 pesos diarios. De no ser así, ‘La Claudia’ mandaba a sus golpeadores para que las amedrentaran.
Por increíble que parezca, lo anterior no es lo peor de esta historia. Lo aterrador es lo que todos saben pero nadie documenta. Lo que todos niegan pero pasa: La prostitución infantil. Se dice que en muchos rincones de las vecindades e inmuebles de la Merced viven niños entre los siete y doce años. Se dice que se les permite dormir en algunas bodegas o cuartos a cambió de tener encuentros sexuales con los dueños. Padrotes, prostitutas y autoridades lo contradicen. Se dice que por las mañanas estos niños deben de tener la misma clase de encuentros con cargadores y comerciantes para obtener comida.
Dentro del callejón en el que escribo con mi bolígrafo negro ocasionalmente veo niños por aquí y por allá. De nuevo, todos lo negarán.

9 comentarios:

samantha diaz dijo...

EXCELENTE ME ENCANTO, TE QUIERO MUCHO

CANTACLARO dijo...

.

¡Qué mezcla de sencaiones! dolor, asco, impotencia.

Saludos afectuosos,

Ana Lucía

.

XND dijo...

:) Si les gistó esta entrada, please check out: http://gabrielrevelo.blogspot.com/

Sabina Vinyl dijo...

Muy amplio e interesante artículo. A unos pasos de la capillita, sobre Manzanares, se encuentra también una pulquería muy famosa y vieja: "El recreo".

Chequen el artículo al respecto:

http://proyecto-oxido.wikispaces.com/LO_Pulquerias_ElRecreo

¡Salud!

Sabina Vinyl
www.proyecto-oxido.wikispaces.com

Anónimo dijo...

Wow!! Me dejaste anonadada! completamente!...Si bien dicen que las cosas que más ignoramos son las más obvias...
Aún no asimilo la intensidad de los sentimientos que se pueden percibir y recibir en un lugar como este y que por desgracia existe y existe en mi país.
FELICIDADES por tu trabajo y la escritura tan exquisita!

Un saludo
C Jones

Anónimo dijo...

Muy buen artículo, describes tal como lo percibí también cuando la visité.
Saludos,
YaZ.

Anónimo dijo...

Hola que tal! antes que nada, es interesante tu articulo, solo que se me hace un poco fantasioso, ya que de surrealista no tien cosa alguna manzanares, son categorias simbolicas que algunos colegas etnografos o periodistas inventan. No dudo que los lenones cuenten con una o mas pistolas, pero no las traen enseñando....ademas se necesita mas que uan visita para entender la dinamica que existia en manzanares, date una vuelta en estos dias y veras que ahora si hay una "soledad", la prostitucion era el aire de este callejon...no era tan malo como todos creen

Anónimo dijo...

estupendo trabajo, en alguna ocasión hice exactamente lo mismo por curiosidad pues quería saber mas sobre tan enigmático lugar acudí y tuve las mismas sensaciones, la manera como se describe es asombrosa, ya que es una mezcla de asombro, de miedo, de asco en fin sensaciones y sentimientos encontrados muchas felicidades....

Anónimo dijo...

Esto y algo más se ve todos los días generación tras generación, yo nací en este barrio...

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