jueves, 25 de mayo de 2017

Transitando sobre Regina..




Caminar por las calles del centro te lleva a veces a mirar con los ojos de un recién llegado. Si tus pasos te dirigen entre semana al frente de la iglesia de la Santa Veracruz a la hora en que tanto el Museo Franz Mayer como el Museo de la Estampa cierran sus puertas, aún te topas sobre la calle de Hidalgo con la vendedora de pan y muy probáblemente con algún vendedor de libros viejos. Y así, atravesando por la Alameda, rogando al cielo que esas nubes aún se dispersen un poco... puede ser que justo tras de la escultura que "la colonia alemana donó al pueblo de México en 1921", a un paso de Bellas Artes, se escuche la voz de un joven predicador insistente que con un altavoz se halla entregado a la misión de difundir su interpretación de "la palabra de Dios" y de la Biblia. La torre Latino, en competencia, tal vez decida entonces a su vez "lanzar al vuelo" el toque de sus campanas pregrabadas frente a una multitud de transeúntes que recorre el frente del Palacio blanco diseñado por Boari. Yo, esta vez decidí dirigirme a la calle de Regina aún con algunos rayos de sol sobre la espalda. Atravesando delante del templo de Regina Coelli, con sus pilastras estriadas danzando con el sol y su letrero de: "Esto no es una pared de frontón"; para mirar el atardecer desde el café "Raíz".

Y descubrimos -una amiga y yo-, que los paseantes no cesan, y que al anochecer, junto con los jóvenes que salen a "beberse un trago" llegan los chicos de "los toques" (eléctricos, desde luego...), con sus paletas de caramelo; y también pasa la estudiante de Filos a vender sus separadores de páginas para todos los gustos; y llegan los músicos a ensayar en el estudio de arriba las piezas de los Rolling, y a grabar durante mil horas los coros para el demo, y a seguir el after en el depa de arriba del estudio hasta que las cervezas se acaban y el sol sale a iluminar la fachada del antiguo hospital Concepción Béistegui, mientras las campanas no dejan de tocar por encima del camión de la basura que llega como siempre, con todo su estruendo matutino, precediendo a los once mil paseantes que no tardan...












2 comentarios:

Anónimo dijo...

:: Una calle en movimiento y armonía ::
¡Muy buen relato y excelentes fotos!
Y.

Tania Sánchez Arias dijo...

Gracias!

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