jueves, 5 de mayo de 2011

Una tarde en San Hipólito. De visita con San Judas Tadeo…



Cada mañana tal vez uno abre los ojos pensando en el camino por recorrer; en los planes del día… Pero no cabe duda de que esos planes a veces sufren alteraciones. Muchas veces voluntarias…
Hoy, en la idea de llevar mis pasos a ciertos lugares del centro histórico, me topé frente a mí en la cola de la taquilla del metro (ese transporte sustentable altamente compartido), con tres chicos que se turnaban por llevar en brazos un San Judas Tadeo de unos cincuenta centímetros. Este personaje, hay que decirlo, los acompañaba ataviado con toda una gama de collares que gritaban a los cuatro vientos que el invitado especial a la cita del día, era él. Desde luego, de pronto recordé: ¡Claro! Hoy es veintiocho de abril… No porque el mes importe, pues este día de cualquier mes le está dedicado por sus fieles.








No pude pues, dejar de observarles. Para ser franca, componían un grupo agradable. Al pagar sus boletos, los tres caminaron alegremente en dirección a los andenes. Había que pensar rápido. De prisa, me encaminé hacia ellos con una idea cocinándose en mi cabeza. ¿Por qué no? Solo es cosa de preguntarles…  Así lo hice. En el vagón del metro se desocupó un asiento a su lado, y tras meditarlo un momento, les hablé. Y aunque con ciertas dudas y la sorpresa en el rostro, amigablemente los tres accedieron a complacerme. Se dejaron fotografiar y aceptaron ser seguidos por esta intrusa inesperada, en su peregrinar a San Hipólito.




Hasta hace poco más de un año yo era alguien totalmente ajena a los vaivenes particulares que ocurren “religiosamente” cada veintiocho del mes en las cercanías del Ex convento. Mi interés surgió aquellos días, al irme topando innumerables veces con San Judas, en los brazos de una persona distinta casi en cada esquina  en cualquier presentación o tamaño imaginable. Y este encuentro, me llevaría a conocer más de cerca a la que yo llamaría “nuestra Meca citadina”



Omar, Marlén y Vianey gozan de la independencia que pueden darte los 14 años, aunque Marlén es solo un año más joven. Para ellos yo soy una persona mayor. Para mí, ellos aun tienen el brillo en los ojos de la infancia y sin embargo han dejado de ser unos niños pequeños. Es impresionante como entre los mares de fieles que acuden esos días, la juventud ha tomado el papel principal. Con ellos, me remonté por la escalera del metro acompañando a la multitud que ya nos precedía y a aquellas imágenes de bulto que pasaban a nuestro lado… No hubo tiempo casi de pensar, en tan solo un momento estábamos ya de frente al templo, rodeados por una muchedumbre que nos cerraba el paso. Lo único que quedaba era esperar. Esperar a que la misa que sonaba por los altavoces finalizara para que las puertas se abrieran y nos permitieran el paso en pequeñas masas humanas delimitadas por cuerdas que nos contenían. Bajo el sol opresivo e ineludible y volteando en torno, pude darme cuenta de que la gente continuaba llegando. Mientras tanto, nosotros aprovechábamos esos momentos para hablar o mejor dicho, ellos respondían pacientemente a cada una de mis preguntas.



Cada uno asiste por devoción y por gusto. Omar y Marlén se explayaban un poco mientras Vianey contestaba solo lo necesario. El San Judas que llevaba Omar con cuidado entre las manos le pertenecía, me confesó que lo había ido a comprar junto con una tía suya un día veintiocho hace cerca de cinco meses en ese mismo lugar. Los tres creen fielmente en San Judas. Marlén y Vianey lo hacen por causa de su hermano, de quince años, que aun estaba por llegar con el San Judas de la familia, que habita normalmente en el cuarto de Marlén sobre una tabla, y que ella se cuida de sacudir cada semana. Ella recalca que saben que es milagroso porque él cumple lo que le piden (y no porque sea su caso, pues ella no suele pedirle casi…), y Vianey y Omar están más que de acuerdo… A Vianey le cumplió ya alguna cosa que no me dijo; a Omar le concedió algo mucho más fuerte... 


Al fin, las puertas del templo se abren y tras un momento de espera podemos avanzar. Uno pasa definitivamente más tiempo en los preparativos que en el desenlace… Inmerso en la marea humana que te lleva consigo, de pronto te miras arrastrado hacia el interior en una marcha constante. Las bancas han sido retiradas y la nave se ha transformado en un enorme corredor que conduce al gentío. Desde el coro se hace sentir el frescor de un vientecillo provocado por dos enormes ventiladores que se han anclado para dar alivio a los peregrinos. Al frente dos jóvenes sacerdotes subidos en algo que no distingo, acogen a los fieles, agitando los brazos en un alocado frenesí dispensador de agua bendita, que santifica al parejo a los Judas y a todo lo que se tope enfrente. Al mismo tiempo a los costados, la gente de la logística se confunde con personas salidas de todas partes que lo mismo reparten paletas de caramelo, pulseras, o te gritan con una cierta fiereza innecesaria que no dejes de avanzar… Y así, tras dejar a los vendedores de revistas religiosas junto a las monjas que te venden galletas en el curso final del recorrido; alcanzas heroicamente la calle.



Fuera la gente compone una romería en conjunto con todos los comerciantes que intentan venderte alguna cosa; alimentos, camisetas, rosarios, collares y las infaltables imágenes. Caminando unos pasos llega el momento de la última foto; Vianey, Marlén y Omar posan ante la cámara y se gustan. Los tres están convencidos de volver todos los años cada día veintiocho. Así sea.
***
-Si ustedes quisieran contarle a otra gente que no supiera de esto, sobre San Judas Tadeo ¿qué le dirían? -Omar: ¡Que vinieran! ¡Que es muy bonito venirlo a ver! -¿Por qué? ¿Por qué crees que es tan bonito? -Marlén: Porque sí. ¿No? -Omar: ¡Porque sí! -Marlén: Porque le pides las cosas y te las cumple…






Escrito y fotografía  por Tania Sanchez Arias, para www.centrohistoricomexico.info del weblog ¨Sibaritis



Disfrutar Fotos aqui en toda la amplitud


3 comentarios:

Anónimo dijo...

muy padre el artículo y las fotos!!!!!!!!!! voy a ir!!!!!!

rocio dijo...

me encanta,el centro es lo máximo. te acerca a la gente

Anónimo dijo...

Le quiero pedir a San Judas Tadeo galletas de monja haha

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