miércoles, 20 de abril de 2011

Razones de un alma andariega...


Llevar los propios pasos por las calles del centro histórico sin ningún otro propósito que el de andar y recorrer sus caminos, sin afán de compras o contando con una meta final de recorrido, requiere de un espíritu peculiar. No cualquiera se adentra en el territorio descrito con el alma abierta, sacudiendo los prejuicios de antaño; sin que ello signifique, aclaro, que si se opta por tomar la opción de caminar e irse internando por ciertos rumbos ignorados, uno deba de ir enteramente a ciegas o “a la buena de Dios”... Para un viandante, la calle es la meta y el recorrido, el tesoro.



Salir al centro para redescubrirlo por el arte de andarlo, así simplemente, requiere de un alma vagabunda y aventurera (No se necesita más que de un atuendo cómodo y sencillo y tal vez… de un protector solar... ¡Por aquello de las radiaciones y golpes de calor…!); más también de un intelecto curioso y una cierta hambre de lugares “nuevos”; de una mirada sedienta dispuesta a dejarse maravillar por las cosas más pequeñas o más extravagantes con que tropiece por casualidad el ojo. Para llegar a esto se requiere, he de decirlo, de un cierto entrenamiento. La mirada, como el cuerpo, se entrena. Hay que cerrar los oídos a quienes pregonan que aquello que vale la pena de visitar y recorrer es solo lo que aparece en las internacionales guías que se adquieren en puntos de venta conocidos. No es así; tampoco es solo hermoso lo que se presenta como nuevo… Alguna vez leí que la belleza está en los ojos de aquél que mira, y me parece muy cierto.




Transitar por las calles del centro histórico, en cualquiera de sus cuadrantes, supone una experiencia que puede adentrarnos a un tiempo en nuestra historia y la de nuestros ancestros y también en la insólita cotidianeidad del hoy y el ahora y lo que esto conlleve. Podemos transitar del caos a la modernidad; del movimiento sin fin a la máxima quietud; de lo conocido a lo nunca visto; de la magnificencia a la abrupta sencillez o a la escala media de lo señorial; del bullicio a la locura. Y todo esto en tan solo unos pasos…
Podría alguien preguntarse: ¿qué saco yo de todo esto? A ellos probablemente no se dirijan estas líneas… Aunque la respuesta sería: el puro y sencillo goce de vivir… El disfrute de un recorrido que sume territorio a nuestros dominios cotidianos y nos llene de referencias palpables y cercanas, aproximándonos a lo que fue el origen de ésta, nuestra desenfrenada y exorbitante ciudad…

Fotos en tamaño completo   foto 1 
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                                              foto 3

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Buena escritora

Anónimo dijo...

me gustó! ya espero el siguiente!!!

questiongirl dijo...

¡¡A caminar por el centro!!

Anónimo dijo...

Yo necesito no solo protector solar, tambien agua y saber a donde poder ir al baño ...

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