martes, 14 de junio de 2011

Historia de una calle: TABAQUEROS ...





Movimiento perpetuo. Ese es el significado impreso que uno extrae de una furtiva, azarosa u organizada inmersión en la calle que hoy lleva el nombre de Tabaqueros. Y acaso sólo visitándola poco antes de las ocho de la mañana pudiera uno convencerse de que aquella vía es capaz de dormitar al igual que otras más el sueño de los justos, cada día, como consecuencia del arduo trabajo cotidiano...








Congelada en el tiempo como una postal de antaño quedaría una visión imaginaria en blanco y negro de todo este inconmensurable trajín; viandantes presurosos que al paso de un minuto han desaparecido a la vista, en su recorrido rigurosamente planificado que se desvive por ir encontrando lo que casi escapa a la imaginación. Y atrás quedan los antiguos oficios y comercios, las Cigarreras (por ello el nombre aunque erroneo...), porque eran mujeres las encargadas de fabricar los cigarros de pobres en tiempos de escasez, con desperdicios de tabaco y colillas de puro; los vendedores de babuchas de piel; las agencias populares de inhumaciones; las pulquerías y los expendios de antojitos a media calle, que refiere Nicolás Rangel a invitación de Don Luis González Obregón en su libro Vida y costumbres de otros tiempos.




Y hay que decir que el callejón ("pomposamente llamado Calle" según Don Luis...), no existiría si no se hubieran dado las circunstancias que llevaron a la fundación de lo que fuera el Colegio de Porta-Coeli, que en 1605 el Padre General de la orden de los Dominicos aprobó, para hacerlo Universidad y Estudio general; con "los privilegios y gracias de que gozaban por autoridad pontificia las universidades de la Orden" y en cuyo plantel estudiara Fray Servando Teresa de Mier. Pero existió un problema: la Provincia o la región dominica a cargo, además de la propiedad heredada con que contaban, adquirió las casas contiguas que le harían colindar con el Convento de Recogidas de Jesús de la Penitencia y que no era otro que el más tarde conocido como Balvanera. Cuestión nada conveniente como llegó a asentarse por escrito: "...y en tal casso abriendo la dicha calle y no de otra manera para que con esto se ovie y ataje la yndescencia que podría rrepresentar el estar contiguos pared en medio los dichos colegio y monasterio...". Concluyéndose; "...con que antes de pasarse al dicho colegio abran calle entre las dichas casas y el monesterio de las rrecogidas... ...fecha en México a diez y seis días del mes de agosto de mil y seiscientos y tres años. El Conde de Monterrey. Por mandato del Virrey, Pedro de Campos".











Ni colegio ni monasterio existen más, solo dos templos emplazados en los polos de manzanas contiguas así como una calle nacida para preservar el buen nombre de unas religiosas. Hoy, lo mismo se consigue allí una buena canasta que una diversidad de elementos de exótica decoración; velas aromáticas, ramajes coloridos, manualidades hechas para complacer en casi cuaquier festividad así como los materiales para confeccionarlas.

Caminando al interior de la calle y agudizando los sentidos uno bien consigue mirar por contados segundos a cada lado, cuidando el paso y adaptándose al ritmo apresurado de los compañeros de marcha en todas direcciones. Si uno se aparta un momento a mirar las mercancías, tal vez con suerte llegue de pronto el vendedor ambulante de quesadillas con su arsenal de provisiones empacadas en tambos para los compradores hambrientos que solo disponen de selectos minutos para el alimento (no hay espacio para acomodarse en ningún lado de cualquier forma), mientras a unos metros se instala el vendedor de jugos de naranja con su carrito de supermercado o pasa el de las nieves tras él, para brindar el postre de manera muy oportuna en una gran sincronía; concretando la singular oferta gastronómica con dejo surrealista... ¿Y dónde más que en un callejón dominado por la fantasía?












5 comentarios:

Anónimo dijo...

muy , muy buen artículo

Anónimo dijo...

Ahora quiero una quesadilla...

Anónimo dijo...

Los dos edificios en tabaqueros con número par que van de Venustiano Carranza hasta Uruguay fueron construidos por mi abuelo Don Everardo, perdiendo el más alto dos o tres pisos en el sismo del 85.Existía una cantina enfrente de los edificios donde se hacia la rifa del pollo a la cual asistiamos a pesar de ser niños , esto es una mínima parte de la historia de este callejón.

Anónimo dijo...

EXCELENTE !!!

Anónimo dijo...

El centro historico tiene miles de esas historias. Nombres de calles en honor a hechos o personajes que fueron, que son o serian algun dia..... asi ......... es la historia.......

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